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viernes, 18 de septiembre de 2015

51. ¿Y de las chicas qué?

En la misma medida en que las relaciones entre varones eran las predominantes socialmente, también entre las mujeres se generó un ambiente exclusivamente femenino, de carácter intimista y cerrado. La inmensa mayoría desarrollaban su vida en el
ambiente familiar, confinadas en su casa, en donde recibían una educación tradicional. Tenemos, sin embargo, noticias de centros donde algunas jóvenes recibían formación en música, danza y canto, a la vez que en aspectos relacionados con el vestido, el cuidado corporal, la belleza, etc. Y presumiblemente también una preparación iniciática en ritos de carácter erótico relacionados con la diosa Afrodita (diosa del amor). Eran algo minoritario -casi excepcional- y, lógicamente, solamente al alcance de jóvenes de familias acomodadas que las enviaban a ellos para que fueran preparadas para la vida social y conyugal. ¿Cuánto duraba la formación? Lo ignoramos. Parece ser que las jóvenes, procedentes de diversos lugares, permanecían en ellos en régimen de internado. El más conocido lo situamos en el siglo VI, en la isla de Lesbos, a cargo de Safo, considerada la más grande poetisa de la Antigua Grecia y a quién Platón llamó “la seductora” y “la décima musa”.
"Dicen que hay nueve musas. ¡Qué error! Han olvidado la décima: Safo de Lesbos"[1]
El centro educativo de Safo era incluso un centro religioso en el que se adoraba a las Musas, a Afrodita y a Eros, dioses relacionados con lo femenino y lo amoroso. Ella misma lo denomina en uno de sus textos “vivienda de las cultivadoras de las Musas”. Un lugar alegre en el que no cabían actitudes tristes ni lamentos[2].
Hasta nosotros han llegado algunos poemas de Safo, la mayoría incompletos. En ellos habla prácticamente de todos los aspectos de la vida de las mujeres;  de sus sentimientos sobre todo[3]. Como diversos autores clásicos dejaron entrever que Safo de Lesbos sentía atracción sexual por las mujeres, la idea tomó cuerpo y, con el paso del tiempo, se amplió a la existencia de relaciones amorosas de pareja entre sus jóvenes alumnas, reforzada por el hecho de que estas hicieran vida en común. En realidad no hay una constancia clara de muchas de las cosas que sobre Safo de Lesbos y el erotismo entre sus alumnas se han propagado, pero han servido para que se acabaran acuñando las palabra safismo y lesbianismo para aludir a la homosexualidad femenina.
Lo que sí hemos de destacar aquí es la figura de Safo de Lesbos, como educadora de jóvenes. No olvidemos que estamos en la época arcaica y el rol de educadora en una mujer es algo extraordinario. Pero ella no fue la única; sabemos de la existencia de otros “colegios de señoritas”. Ella misma hace referencia a dos rivales de profesión, poniendo de manifiesto que la relación con ellas no era muy buena. A una, a la que llama Andrómeda, la critica por haberle “robado” a una de sus pupilas, y la hace objeto de sus burlas por no saber llevar la falda con la “gracia” necesaria. A la otra, a la que llama Gorgo, la considera una persona tosca y le recrimina el haberle quitado a tres de las muchachas, e incluso es posible que no fuera este su nombre verdadero sino un apelativo despectivo ya que se refiere también a ella como Gorgona, nombre con el que se conocía, desde tiempos remotos, a unos monstruos mitológicos[4]. Cuatro siglos después, Máximo de Tiro, en sus Disertaciones, aún cita a Gorgo y Andrómeda como rivales de profesión de Safo[5].
Aunque en el ambiente de ambos está el tema de la homosexualidad, es evidente que la educación de los hombres y la de las mujeres no respondían al mismo patrón.


                                                                                                                                            ÁNGEL I. JIMÉNEZ DE LA CRUZ

[1] Epigrama recogido en la Antología Palatina, 9, 506.
[2] Ella misma se lo dice a su hija en uno de los poemas.
[3] Su obra se recoge en Safo. Poemas y fragmentos, Ediciones Hiperión, Madrid 2010.
[4] Se conocían como Gorgonas a tres hermanas de aspecto horroroso, la más conocida de las cuales era Medusa, que habitaban próximas al reino de los muertos. Homero, tanto en la Ilíada como en la Odisea, hace referencia a la Gorgona como un monstruo del inframundo.
[5] MAXIMO DE TIRO: Disertaciones filosóficas, XVIII.

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