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martes, 8 de septiembre de 2015

50. A la "paideia" por la "paiderasteia"

La amistad entre hombres era una constante de las sociedades guerreras, donde la convivencia entre estos era mucho más intensa. Las relaciones entre los hombres en la Antigua Grecia llegó a tal grado de preponderancia, que hay autores que hablan
de una sociedad eminentemente masculina e incluso misógina. Estas relaciones eran en unos casos de camaradería y amistad, alcanzando en otros unos comportamientos más liberales, de carácter amoroso, que llegaban incluso al mantenimiento de relaciones homosexuales. El nivel de permisividad en estas relaciones variaba de unas zonas a otras, e incluso a lo largo del tiempo. Los  beocios, por ejemplo, se unían formalmente en pareja; los espartanos mantenían unas relaciones castas; e incluso había quienes no las permitían, como los jonios. Las leyendas nos narran relaciones entre dioses y héroes.
Cuando Grecia dejó de ser eminentemente militar, estas relaciones se trasladaron al ámbito político y entre las capas sociales más elevadas. Nos cuenta Plutarco que fueron muchos los amantes que disputaron a los tiranos el favor de bellos y pudorosos mancebos. También nos han llegado noticias sobre las relaciones amorosas entre grandes maestros y sus discípulos (Sócrates, Platón, Aristóteles, Eurípides, Fidia, etc.). Se llegó a crear en el siglo IV un escuadrón o cohorte de 300 soldados tebanos, que algunos nos refiere como formada por amantes y amados, “pues, temiendo la afrenta, los amantes por los amados, y éstos por aquellos, así perseveran en los peligros los unos por los otros”.[1]
Esta relación amorosa entre hombres tenía una vertiente educativa cuando se entablaba entre un adulto y un joven, en la que el mayor adoptaba el rol de protector y educador del muchacho o efebo. Recibía la denominación de pederastia o paiderasteia, cuyo significado viene a ser “amante de los efebos” o “amante de los jóvenes”, y no estaba vinculada al abuso sexual; nada tiene que ver con el concepto actual de la palabra. Era, fundamentalmente, un medio de educar. Mediante ella se establecía una relación profunda entre un joven (nunca un niño) y un adulto, que era su mentor, su guía e iniciador en la vida adulta, y quien le propulsaba desde el punto de vista social, militar y político. Recibían las denominaciones de  eromenos  y erastes, lo que podría traducirse  "amado" y "amante". Era una suerte para el joven tener un mentor influyente, pues le facilitaba un amplio desarrollo social que le ayudaba a labrarse un mejor futuro. Esta relación era consentida e incluso autorizada por la familia del joven.
Estrabón[2] refiere que en Creta el adolescente recibía de su amante una verdadera educación y que tras un periodo de convivencia en el campo se convertía en su escudero, ingresando por esta vía en la vida nobiliaria. También nos habla del elevado nivel social que se requería y de la igualdad de títulos de ambos amigos, y agrega: “En estas relaciones se busca no tanto la belleza como el valor y la buena educación”. La pederastia era propia de las clases superiores y de ciudadanos libres, aristocrática, más propia de caballeros que de soldados normales, por lo que los efectos educativos que conllevaba solamente eran aplicables a estos.
Este fue el marco en el que se desarrolló la educación, la paideia, en la época arcaica. Podemos decir que se llegaba a la paideia a través de la paiderasteia.
Marrou concreta así la situación:
Para el griego, la educación, paideia, residía esencialmente en las relaciones profundas y estrechas que unían de modo personal a un espíritu joven con una persona de más edad, que era al mismo tiempo su modelo, su guía y su iniciador, relaciones que una llama pasional iluminaba con turbulento y cálido reflejo.
La opinión pública, y en Esparta la propia ley, hacían moralmente responsable al amante del desarrollo del amado: la pederastia era considerada la forma más perfecta y más bella de educación... La relación entre maestro y discípulo seguirá siendo siempre, entre los antiguos, algo así como el vínculo entre el amante y el amado; la educación, en principio, no era tanto una enseñanza, un adoctrinamiento técnico, como el conjunto de los cuidados que un hombre mayor, lleno de tierna solicitud, dedicaba, para favorecer el crecimiento, a otro menor de edad, que ardía en deseos de responder a tal amor mostrándose digno de él. [3]
          No era, pues, una educación de carácter académico sino una educación moral y de formación de la personalidad.

ÁNGEL I. JIMÉNEZ DE LA CRUZ

[1] PLUTARCO: Vidas paralelas: Pelópidas, 18.
[2] ESTRABÓN: Geografía, Libro X, 483.
[3] MARROU, Henri-Irénée: Historia de la educación en la Antigüedad, Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1976, pp. 37 y 38.

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