Translate

lunes, 2 de febrero de 2015

45. "Areté" para todos

Homero nos muestra a unos educadores y alumnos singulares; ellos eran los destinados a alcanzar la areté, a través de la educación caballeresca. Pero junto a Homero aparece la figura de
Hesíodo -poeta y pastor- que, lejos de dedicarse a ensalzar las hazañas de los héroes, centra su preocupación en reconocer y valorar el trabajo de los obreros para sobrevivir.

En su obra Trabajos y días pone de manifiesto las injusticias sociales y la dureza del mundo de los trabajadores. Hace una exaltación del hombre sencillo y del valor del trabajo duro: El trabajo es el camino para lograr la virtud. Contrapone a la educación caballeresca el trabajo y la justicia como los medios para alcanzar la areté. Por medio del trabajo se puede alcanzar una vida digna y honrada. El trabajo honra y dignifica al hombre; el esfuerzo y la voluntad que requiere ayudan al hombre a desarrollar lo mejor de sí mismo. La holgazanería y ociosidad son deshonrosas. Así le aconsejaba a su hermano, al que parece que no le gustaba mucho trabajar:
Pero recordando en todo momento nuestra recomendación, tú, Perses, descendencia divina, trabaja para que el hambre te odie y la venerable Deméter [diosa de la agricultura], de hermosa corona, te sea grata y llene tu granero de riqueza, pues hambre es siempre compañía adecuada al hombre inactivo, y dioses y hombres se irritan con este que vive inactivo, semejante en actividad a los zánganos sin aguijón, que, comiendo sin trabajar, esquilman el fruto del trabajo de las abejas.
(…) si trabajas serás mucho más grato para los inmortales…
Nada reprochable es el trabajo muy reprochable es la inactividad. Pero si trabajas rápidamente, el hombre inactivo te envidiará a ti que te enriqueces, pues éxito y prestigio acompañan a la riqueza.[1]
Con Hesíodo, pues, la areté deja de ser elitista y está al alcance de todos, pues hay otro heroísmo al margen del de los valerosos guerreros emparentados con los dioses: la lucha y el esfuerzo que supone el trabajo cotidiano de los seres humanos. No es necesario imitar a los héroes, tomarlos como único ejemplo; también el trabajo del agricultor luchando con la dura tierra para obtener el sustento, el esfuerzo de las familias, de los padres para sacar adelante a sus hijos, son dignos de imitación.

Si para educar al hombre es necesario una imagen ideal hacia la que tender, con Hesíodo esa imagen se ve enriquecida al poner junto a los mitos, -como manifiesta Jaeger en su magnífica obra Paideia: los ideales de la cultura griega-, la sabiduría práctica que el pueblo posee, adquirida a lo largo de innumerables generaciones, consistente tanto en conocimientos de carácter profesional como en normas morales y sociales.

La educación del pueblo adquiere relevancia. 

ÁNGEL I. JIMÉNEZ DE LA CRUZ


[1] En su obra Trabajos y días (vv. 302-315)

No hay comentarios:

Publicar un comentario