Translate

domingo, 25 de enero de 2015

44. La "areté"

El héroe homérico supedita su existencia a la areté. Esta palabra, intraducible, cuyo significado es de difícil explicación, viene a ser como alcanzar la excelencia o perfección de las potencialidades de un ser. Era aplicable en un principio a cualquier cosa: un
caballo, por ejemplo, poseía  areté si era veloz, resistente, ágil, etc., es decir, si alcanzaba la excelencia de todas aquellas características que como caballo le hacían valioso.

La educación de los héroes, la llamada educación caballeresca, tiende a conseguir en ellos la máxima perfección posible y que destaquen sobre todos los demás. Ese es su ideal y en el cual debían mirarse todos los griegos. Peleo aconsejaba a su hijo Aquiles ser siempre el mejor y mantenerse superior a los demás[1]. Esta perfección debía alcanzar tanto al cuerpo como al espíritu. Respecto al primero, la areté era conseguir un cuerpo vigoroso, sano, ágil, diestro para la caza y la lucha, e incluso bello; respecto al segundo, era alcanzar una actitud valerosa, el amor a la justicia -entendida como las normas y el orden establecido por los dioses- y lograr una mente sagaz que desarrollara al máximo tanto la astucia como la prudencia. No tenía ninguna connotación de carácter moral, al menos en esta primera etapa.

Mientras respecto de la areté del cuerpo no hay preponderancia de unos aspectos sobre otros, en el caso del espíritu hay matizaciones: el concepto de areté que se muestra en la Iliada es, sobre todo, valor heroico; en cambio, en la Odisea es el predominio de la astucia y la prudencia[2].

Aquel que alcanzaba la areté era reconocido como un ejemplo a seguir y pasaba a engrosar el grupo de “los mejores”. Los poseedores de la areté acababan detentando el poder, bajo la denominación de aristocracia. Los aristócratas eran, pues, los mejores. Pertenecer a este grupo no estaba al alcance de cualquiera; solo una minoría selecta, por su origen y condición, podía conseguirlo; solo una minoría recibía la educación que le permitía alcanzar la areté. Era, en la tradición homérica, cosa de héroes y dioses.

Con el paso del tiempo, el concepto de areté se fue modificando, aproximándose a lo que los latinos denominarían virtus (virtud), y aplicándose al hombre para valorar sus cualidades físicas, morales, intelectuales y cívicas. 


ÁNGEL I. JIMÉNEZ DE LA CRUZ


[1] Iliada, Canto VIII.
[2] GALINO, María Ángeles, Historia de la Educación. Edades Antigua y Media, Ed. Gredos, Madrid, 1982, p. 119.

No hay comentarios:

Publicar un comentario