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viernes, 9 de enero de 2015

43. Quirón, ¡menudo maestro!

Todos hemos conocido alguna vez un maestro al que hemos catalogado de especial e incluso de extraordinario, aunque, como Quirón, ninguno. Quirón, educador de héroes,  era un auténtico sabio, un portento por todo lo que sabía. Pero esas cualidades las
podemos encontrar en muchísimos educadores; lo más espectacular es que Quirón era un centauro. Eso sí, un centauro atípico, de origen divino, con buenos sentimientos, “el más justo de los Centauros” como lo denomina Homero en la Ilíada, a diferencia de los demás que eran rudos y salvajes, por eso Zeus lo elevó al cielo convirtiéndolo en lo que conocemos como constelación de Sagitario. ¡Claro, que los alumnos que tuvo tampoco fueron nada normales!: Acteón, célebre cazador que fue convertido en ciervo; Áyax, héroe de la Guerra de Troya; Asclepio, dios de la medicina; Jasón, héroe griego, líder de los Argonautas; Aristeo, hijo del dios Apolo; Heracles, el fabuloso héroe forzudo, hijo del propio Zeus, y a quien los romanos incorporaron a su mitología con el nombre de Hércules, etc.
Pero, de entre todos sus alumnos, el más famoso fue Aquiles. Fue tan popular la educación de Aquiles por Quirón, que propició una amplia representación iconográfica que se ha extendido a lo largo de todos los periodos históricos. Nos podemos encontrar desde relieves y cuadros de la Antigüedad, como los que describe Filóstrato de Lemos, hasta obras de Rubens, Delacroix o John Singer Sargent, que cuelga su Quirón y Aquiles (1925) en el Museo de Bellas Artes de Boston.
La educación de Aquiles por Quirón la conocemos, no por la Ilíada,  sino por la Aquileida, obra muy posterior (s. I d. C.), inconclusa, del romano Publio Papinio Estacio.
Quirón se hizo cargo de Aquiles desde niño, llevándolo a convivir con él en su medio natural, el monte Pelión, en Tesalia. Era un medio inhóspito. Le alimentó con entrañas duras de león, jabalí y médula de lobas. Aquiles se endureció ante el frío y el calor y se acostumbró a dormir sobre las duras rocas. Su entrenamiento le propició un cuerpo ágil y veloz. Aprendió a manejar la jabalina, a escalar las rocas, a enfrentarse a las aguas bravías de las tempestades montañosas, a saltar sobre los abismos, etc. Aprendió a cazar y a luchar, y se acostumbró a no tener miedo ante los animales salvajes, a los que Quirón obligaba a enfrentarse; llevaba preparada siempre la lanza, el arco y las flechas. También le enseñó Quirón las artes de la elocuencia, de la medicina y del canto,  este último, tal vez, con la ayuda de la musa Calíope.
En Quirón, Queirón o Chirón, como muchas veces también se le denomina, sitúan muchos el origen de la medicina; también algunas asociaciones de veterinarios lo tienen por el primer sanador de animales.

ÁNGEL I. JIMÉNEZ DE LA CRUZ

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