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lunes, 29 de diciembre de 2014

42. Los primeros mentores

Los personajes legendarios de los poemas homéricos se convirtieron en los modelos a seguir; imitarlos fue la obsesión de muchos. Su influencia en la educación griega se mantuvo a lo largo de toda la etapa de la Antigua Grecia, e incluso llegó hasta el periodo bizantino. De entre ellos podemos destacar a dos:
Aquiles y Telémaco. Sobre todo el primero, con quien soñó igualarse el mismísimo Alejandro Magno.
Aquiles, hijo de Peleo y de la diosa Tetis, uno de los héroes de la guerra de Troya, narrada en la Ilíada, y Telémaco, hijo de Penélope y Odiseo –conocido en latín como Ulises-, cuyas aventuras son narradas en la Odisea, son personalidades muy distintas, casi opuestas, que requieren, por tanto, un trato diferente. Homero nos muestra en ellos dos formas diferentes de educar: a Aquiles, más temperamental y decidido, es necesario guiarlo y frenarlo; a Telémaco, menos pasional y sin iniciativa, es necesario empujarlo y animarlo continuamente.
Ambos personajes son caballeros por lo que la educación que reciben la denominamos caballeresca. Y en ella se pueden apreciar dos aspectos: uno relativo a la formación técnica para la vida (manejo de armas, deportes, artes musicales, ceremonial de la vida cortesana, etc.) y otro de tipo ético y moral, que se encarna en el ideal homérico del héroe.
Su educación no recae en los padres sino que son encomendados a amigos y consejeros que hacen de preceptores. Aquiles es educado por Quirón –un maestro muy particular- y también recibe enseñanzas de Fénix, a quien Peleo se lo encomienda para que sea a la vez el guía y maestro de sus palabras y de sus actos.
"El anciano jinete Peleo quiso que yo te acompañase cuando te envió desde Ptía a Agamemnón, todavía niño y sin experiencia de la funesta guerra ni de las juntas donde los varones se hacen ilustres: y me mandó que te enseñara a hablar bien y a realizar grandes hechos. ….. Y te crié hasta hacerte cual eres, oh Aquileo semejante a los dioses, con cordial cariño; y tú ni querías ir con otro al banquete, ni comer en el palacio, hasta que, sentándote en mis rodillas, te saciaba de carne cortada en pedacitos y te acercaba el vino. ¡Cuántas veces durante la molesta infancia me manchaste la túnica en el pecho con el vino que devolvías! Mucho padecí y trabajé por tu causa, y considerando que los dioses no me habían dado descendencia, te adopté por hijo para que un día me librases del cruel infortunio. Pero Aquileo, refrena tu ánimo fogoso, no conviene que tengas un corazón despiadado, cuando los dioses mismos se dejan aplacar, no obstante su mayor virtud, dignidad y poder….(Ilíada, Canto IX)

En la Odisea, Odiseo encarga a Méntor, anciano itacense,  la educación de Telémaco. Este lo hace mediante el diálogo, aconsejándolo y propiciando el desarrollo de sus habilidades y su talento. De ahí el término mentor para denominar a quien aconseja y guía a una persona.

ÁNGEL I. JIMÉNEZ DE LA CRUZ

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