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domingo, 30 de noviembre de 2014

41. Imitando a los héroes

Cuando nos movemos por la historia de la educación griega, nos encontramos con tres etapas claramente diferenciadas: la denominada arcaica, en la que ven la luz las obras de Homero y Hesíodo, y que se extiende desde el siglo VIII al VI a. C.; la
conocida como etapa clásica, correspondiente a los sofistas y a los grandes filósofos Sócrates, Platón y Aristóteles, donde Esparta y Atenas son los centros destacados, y que va desde el siglo VI  al IV a. C.; y la correspondiente al periodo helénico, desde Alejandro Magno al Imperio romano, que tendría su continuidad en el Imperio bizantino.
No han quedado huellas de la existencia de escuelas en la época arcaica, lo que nos hace pensar que no existieron, al menos con carácter general. Pero, lógicamente, debió existir un modo de enseñanza de la escritura. ¿Quién adaptó el alfabeto fenicio a la lengua griega? ¿Fueron tal vez maestros fenicios? ¿Cómo la aprendieron Homero y Hesíodo? ¿Tal vez junto a un maestro que acogiera bajo su tutela a interesados en aprenderla?
Sin embargo, aunque no conocemos nada de lo que podríamos denominar instrucción académica, sí podemos conocer algo de la educación. La educación y formación de los niños era en casa, y el ejemplo de los mayores era el modelo que servía para el aprendizaje. Los nobles y aristócratas contaban con nodrizas que, además de encargarse de la alimentación de los niños, asumían el papel de educadoras en los primeros años de su vida. Cuando estos entraban en la adolescencia y juventud, les solían poner bajo la tutela de una persona de cierta edad que, haciendo de preceptor, se encargaba de su formación mediante el ejemplo y los buenos consejos. El pueblo llano era educado también en el hogar durante sus primeros años de infancia, iniciándose después en los oficios familiares, en el caso de los varones, y en las labores domésticas, las mujeres.
Con la aparición de las grandes epopeyas de la Ilíada y la Odisea, en el siglo VIII a. C., la vida y las hazañas de los héroes en ellas descritos son tomadas también como referencias educativas. Son el ejemplo a seguir y los nobles y aristócratas intentan imitarlos. Se inicia así lo que se ha venido a llamar educación caballeresca.
Pero también hubo quien, como Hesíodo, puso en valor la importancia educativa de la vida esforzada y el trabajo de los más humildes. En su obra Trabajos y días, la actitud heroica es la lucha diaria con la tierra para conseguir el sustento de la familia, frente a los hechos legendarios de los héroes en busca de la gloria. Dos maneras muy dispares de alcanzar la perfección.
Sin embargo, la influencia de las obras de Homero[1] en la educación de la Grecia clásica fue mucho más importante; hasta el extremo de que Platón, en su obra República, le considera el educador de Grecia. Era más atractivo soñar con ser un  héroe legendario que un labrador de sol a sol.

ÁNGEL I. JIMÉNEZ DE LA CRUZ


[1] Desde la Antigüedad se ha cuestionado la autoría de las obras e incluso la propia existencia de Homero.


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