Translate

sábado, 21 de junio de 2014

36. Las orejas en la espalda

El castigo físico para corregir a los alumnos en las escuelas está presente desde el inicio de estas. Conocemos que esta herramienta disciplinaria era práctica habitual tanto en Mesopotamia como en el Antiguo Egipto, para conseguir de los
alumnos el esfuerzo necesario para realizar los trabajos con la corrección debida y, tal vez, para el mantenimiento del orden. Formaba parte también de las medidas educativas adoptadas por los padres.
Existen diversas referencias a esta práctica disciplinaria, en forma de aforismos, proverbios y sentencias, siendo algunas de las más conocidas las contenidas en una obra perteneciente al siglo VII a. C. conocida como la Sabiduría o Sentencias de Ahiqar[1]:
“El hijo educado y aleccionado y en cuyos pies se pone la cadena, (prosperará)” (Papiro VI 79-94)
“No apartes a tu hijo del palo; de lo contrario, no podrás liberarlo (de la maldad). Si te doy azotes, hijo mío, no morirás; pero, si te dejo seguir las veleidades de tu corazón, (no podrás vivir)” (Papiro VI 79-94)
Es muy posible que el contenido de esta obra sea de origen mesopotámico, pues en ella se alude al dios Shamas y, además, sentencias semejantes aparecen en textos encontrados en la biblioteca de Asurbanipal (s. VII a. C.). Este tipo de sentencias, junto a otras de la conocida como literatura sapiencial, que enseñan a guiarse en la vida por el camino correcto, con un marcado sentido práctico, sacadas de la observación de la naturaleza humana, formaban parte de la cultura judía y tienen un claro paralelismo con otras que aparecen recogidas en algunos textos del Antiguo Testamento.
Algunas de las sentencias más conocidas lo hacen con un cierto tono que pudiéramos considerar “humorístico”:
“Los alumnos tienen espaldas y aprenden mejor cuando se les sacude el polvo”.
“Los discípulos tienen los oídos en las espaldas”.
“Las orejas del jovencito se hallan colocadas sobre sus espaldas: éstas escuchan cuando se las azotan”.
El castigo debía ser inmediato para obtener el mejor resultado, e incluso, en ocasiones, preventivo:
¡Castiga con prontitud! ¡Instruye por completo! Impedir la fechoría es dar un buen ejemplo. [2]
Golpear la espalda parece que era la práctica habitual, aunque no la única. Inmovilizar las manos durante un tiempo parece ser otra práctica para conseguir unos mejores resultados académicos:
"Cuando yo era pequeño como tú, escolar como tú, tenía que estar con las manos atadas durante tres meses; eso me disciplinó los miembros. Cuando me quitaron las ligaduras, lo hice todo mucho mejor que antes. Llegué a ser el primero de mis compañeros, el mejor en la lectura y en la escritura"[3].
Cuando algunos recuerdan los castigos físicos a los que le sometieron sus maestros y progenitores, lo hacen con palabras de reconocimiento y con alegría por el beneficio que obtuvieron: “Me convertí en un joven a tu lado. Golpeaste mi espalda; tus enseñanzas penetraron en mi oreja.”[4]
El castigo físico era algo usual en la cultura de la época: azotar a los esclavos era práctica habitual. El iletrado tenía muchas posibilidades de acabar en la esclavitud, llevando una vida en la que no se le escatimarían los golpes; recibir unos cuantos para conseguir una vida mejor podía considerarse un buen negocio.

ANGEL I JIMÉNEZ DE LA CRUZ


[1] Estas sentencias fueron encontradas en un papiro palimpsesto de fines del siglo V a.C. entre los escritos de Elefantina (Alto Egipto), en las excavaciones de 1906-1907, realizadas por los alemanes, aunque el libro de Ahiqar era ya conocido en los textos antiguos cristianos.
[2] Enseñanzas de Ptahhotep.
[3] Papiro Anastasi V.
[4] Papiro Lansing.

No hay comentarios:

Publicar un comentario