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miércoles, 14 de mayo de 2014

34. Para aprender: rezar y copiar

En el Antiguo Egipto, al igual que en Mesopotamia, para comenzar los trabajos de escritura lo primero que se hacía era encomendarse a los dioses; en este caso al dios Thot, a quien
había que agradecer la invención de la misma. Siempre los escribas se encomendaban a los dioses que les habían dotado de su instrumento de trabajo. Conocemos algunas de estas plegarias, pues se recogen en algunos de los papiros encontrados. Por ejemplo, el Papiro Sallier, que se supone de en torno a 1250 a. C., contiene la siguiente:
¡Oh, Thot, presérvame de las palabras vanas! Ponte detrás de mí por la mañana. Ven, tú que eres la palabra divina. Eres una dulce fuente para el viajero sediento del desierto. Fuente cegada para el hablador, que mana para el que sabe callar
A continuación recibían todos los materiales necesarios para escribir. Se comenzaba a escribir por la parte superior derecha; en los primeros tiempos en columnas verticales, posteriormente –hacia el 2000 a. C.- se pasó a escribir en líneas horizontales. La metodología de aprendizaje seguía un proceso rutinario que se iniciaba con la memorización y repetición de silabarios, realizando copias de los mismos, para después pasar a las palabras, pequeñas frases y, posteriormente, a la copia de textos de creciente dificultad, que el maestro iba preparando conforme el alumno avanzaba en destreza. También se realizaban lecturas y copias de textos literarios. Era la metodología habitual en los pueblos antiguos. Gracias a muchos de estos trabajos escolares que se han encontrado en excavaciones, han perdurado y podemos conocer hoy en día textos literarios de aquella época.
Entre los papiros y tablillas con trabajos escolares podemos destacar el conocido Papiro Anastasi V, que contiene la copia realizada por un alumno, la cual parece corregida por el maestro. El contenido del mismo es una carta que Anastasi, escriba real, dirigía a su hijo dándole consejos sobre su actitud y comportamiento en la escuela. La copia de este tipo de textos, además de para practicar la escritura, servía para inculcar en los alumnos una serie de comportamientos y normas morales.
Además de estos trabajos generales de escritura, los escribas también realizaban copias de modelos de frases y cartas comerciales, que formaban parte de su formación administrativa. En las excavaciones del poblado de Deir-El-Medina se encontraron una gran cantidad de ostraca que contenían muchos de estos trabajos.
          Existía incluso lo que podemos considerar el primer manual o libro de texto. Se trata del Libro de Kemyt, también conocido como Kemyet, posiblemente de la época de la Dinastía XI –hace unos 4000 años- y que parece claro que estaba destinado a la formación de escribas. Es una especie de compendio de todos los conocimientos del escriba, en el que se presentan, de manera sencilla y práctica, modelos de cartas, frases, expresiones y consejos, que sin duda les eran de gran utilidad en su trabajo. La importancia de este libro nos la pone de manifiesto el hecho de que se utilizara a lo largo de más de mil años.

ÁNGEL I JIMÉNEZ DE LA CRUZ


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