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miércoles, 4 de junio de 2014

35. Los alumnos calaveras

El comportamiento inadecuado de los alumnos no es nada nuevo. Ya, desde los inicios de la escuela, había quienes eran reticentes al trabajo académico y que, ante el esfuerzo que este requería, mantenían una actitud que podríamos calificar de mejorable.
Podríamos decir, incluso, sin temor a exagerar, que la holgazanería ya se abría paso entre parte del alumnado. Se intentaba poner remedio a esto y, a la vez que se les instruía en las disciplinas académicas, se  les educaba en la responsabilidad, el esfuerzo y las buenas maneras; por eso, muchos de los textos que se utilizaban para los ejercicios de copia hacían referencia a estos comportamientos. Por ejemplo, la carta contenida en el Papiro de Anastasi -uno de estos textos  muestra- contiene las siguientes recomendaciones: “¡No seas indolente! ¡No seas indolente! Serás examinado de inmediato. No te entregues a los placeres, o serás un fracasado. Escribe con tus manos, recita con tu boca, déjate aconsejar por los que saben más que tú… Persevera en el trabajo diario… No te entregues nunca a la pereza, o serás azotado… Persevera en tomar consejo. ¡No seas perezoso, escribe! ¡No te muestres reticente!”
          Tal vez el hijo de Anastasi siguiera los consejos de su padre, pero había otros casos en los que esto no era así. No todos los que tenían oportunidad de estudiar aceptaban de buen grado y asumían con responsabilidad la decisión familiar de que se formaran académicamente abriéndose así las puertas a un futuro mejor.
En ocasiones se iba más allá de la mera apatía o desidia ante el estudio, dándose actitudes claramente de rebeldía ante la escuela. Existen textos que critican el comportamiento de jóvenes que desprecian la enseñanza. A algunos se les hacía cuesta arriba el trabajo intelectual y preferían abandonar los estudios y dedicarse a otras actividades, lejos de los “libros”, que les resultaban más satisfactorias:
“huyen de la escuela como potros salvajes y arrojan los libros a  las ortigas para ser soldados o campesinos o, en el mejor de los casos, triste es tener que decirlo, para correr en pos de cualquier placer.”
Y en otros casos, para dedicarse a la juerga y a la vida disoluta:
“Van de un lugar a otro, atraídos por el olor de la bebida, y trabajan en su propia ruina”. "Frecuentan las tabernas y allí se quedan a jugar y a cantar, en vez de estudiar los sublimes poemas históricos y religiosos de sus antepasados.”[1]
El ya citado Ani, en sus Enseñanzas recrimina a su hijo el abandonar sus obligaciones escolares y dedicarse a la "vida alegre":

“Me dicen que descuidas la práctica de la
escritura;
Y te dedicas a los placeres.

Vagas de taberna en taberna,
La cerveza te quita cualquier respeto humano,
Ella pierde tu ánimo.
Eres como un timón roto,
Que no sirve para nada.
Eres como una capilla privada de su dios,
Semejante a una casa sin pan.
Se te ha visto ocupado en saltar un muro.
Las personas huyen frente a tus golpes peligrosos"


Queda claro que alumnos responsables y alumnos calaveras los ha habido en todos los tiempos.

ÁNGEL I JIMÉNEZ DE LA CRUZ


[1] Ambos textos están tomados de GRIMBERG, Carl: Historia Universal, Tomo 1: El alba de la civilización, Daimon, Madrid, 1973, pp. 165-166.

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