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miércoles, 9 de abril de 2014

32. Los consejos de un padre

El joven Pepy, allá por el 2000 a. C., se traslada a la Residencia. Va a prepararse para ser funcionario escriba de Egipto. Le acompaña su padre, Kheti, en un largo viaje a través del Nilo. Este aprovecha el tiempo para darle consejos sobre el
comportamiento que debe tener en aquel lugar en el que convivirá con personas muy dispares. Ser prudente es fundamental. Debe alejarse de las disputas y, ante la gente irritada, pensar bien lo que va a decir, respondiendo a los reproches con precaución, sobre todo en público. La imagen que pueda trasladar su hijo le preocupa. Y le recomienda que cuando salga de le escuela, al mediodía, no debe vagar errante por las calles sino aprovechar para conversar sobre lo aprendido.
          Debe cuidar muy bien con quien se relaciona: no debe juntarse con los comilones; él mismo debe ser comedido en la mesa. Debe caminar con calma y tomar como ejemplo los modales de los hijos de los nobles y seguir sus pasos. No debe andar con indisciplinados y alborotadores porque le generará mala fama.
          El respeto a sus superiores debe manifestarlo manteniéndose a cierta distancia cuando camine tras ellos, permaneciendo de pie cuando le den la bienvenida y no haciendo alardes de confianza. Aunque le aconseja tratar con personas eminentes –de ellos puede aprender mucho-, sus amigos debe buscarlos entre los de su generación.
          Debe mantener una actitud seria y digna. No debe abrirse en exceso a los demás sino ser reservado y guardar sus secretos y pensamientos íntimos, pues todo lo que sepan de él le hará vulnerable.
          En el desempeño de las actividades que le encomienden debe ser riguroso.  Cuando le encomienden trasladar un mensaje no debe alterarlo en absoluto; debe transmitirlo fielmente sin quitar ni poner nada.Y debe escuchar atentamente las palabras de los magistrados y de los dignatarios.
          Será muy valorado que manifieste respeto hacia sus padres, sobre todo hacia la madre, que le han puesto en el camino de la vida. Mostrarse como un hombre comprensivo hará que sea tenido en gran estima. Y no debe olvidarse de la importancia de los dioses en el éxito de su vida: la diosa Meskhenet –la que protege a la infancia y conoce los destinos- es la que le abrirá las puertas.
          Cumpliendo todo ello, se mostrará como un hombre sabio, al que nada se le ocultará y no será rechazado para ninguno de los puestos. [1]


ÁNGEL I JIMÉNEZ DE LA CRUZ


[1] El contenido del artículo responde a la segunda parte de la Sátira de los Oficios.

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