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martes, 11 de marzo de 2014

26. Mil años sin mencionar las escuelas

Como era habitual en todas las culturas, la educación de los niños egipcios se iniciaba en el seno de la familia, a cargo de la madre. En ella aprendían las creencias religiosas, las normas morales, las costumbres y las tradiciones. A las niñas también se las iniciaba
en los conocimientos prácticos para las tareas domésticas. Con la invención de la escritura comienza una formación técnica, al margen de la familia, que desemboca en la creación de escuelas. El objeto fundamental de estas era la formación de escribas, que habrían de encargarse de las labores administrativas.
          La evolución sufrida por la escritura en la primera mitad el tercer milenio hacia formas más funcionales nos pone de manifiesto la importancia que su uso había adquirido. A partir de este momento, en la Dinastía V (2480-2320 a. C.) se inician relaciones con los pueblos del Egeo y se intensifican las comerciales y diplomáticas con los del Próximo Oriente; también se lleva a cabo una descentralización administrativa. Todo ello requería de funcionarios bien formados para llevar a cabo su cometido.
          Hasta entonces, eran los nobles los que ocupaban los cargos, por el mero hecho de serlo, al margen de su formación, y, a partir de esta remodelación, la Administración pasa a manos de los que dominaban la escritura y el cálculo. Sin duda, esto requirió más personal cualificado y la formación de escribas hubo de intensificarse. Incluso parece ser que en la propia Administración se formaban los futuros funcionarios, mediante un sistema que consistía en poner junto a cada funcionario escriba a un alumno que aprendía a su lado mediante la práctica. Estos aprendices administrativos eran, fundamentalmente, hijos de familias de las castas superiores, con frecuencia miembros de la propia familia del funcionario escriba, en muchas ocasiones su hijo, con lo que, a veces, los cargos se convertían en hereditarios.
          Pero a pesar del amplio desarrollo que ya había adquirido la escritura en el tercer milenio, hasta mucho tiempo después no tenemos ninguna referencia a la escuela, aunque su existencia desde el origen de la escritura es incuestionable. La referencia más antigua a una escuela en Egipto está en una inscripción de la tumba de un nomarca de Asiut, en tiempos de la dinastía X (2100-2040):
En cuanto a todo escriba y todo sabio [...] que haya estado en la escuela y pase junto a esta tumba-pozo o que entre en esta tumba...[1]
A pesar de ese retraso en dejar constancia de la existencia de escuelas, el pueblo egipcio siempre dio un gran valor a la cultura y una gran importancia a la enseñanza; algunos de los antiguos proverbios son bien elocuentes en este sentido: “Da tu corazón a la sabiduría y ámala como a tu padre, pues no hay nada más digno de aprecio que la instrucción”. O el más contundente aún, que hace de la instrucción el camino que nos separa de lo puramente animal: “El iletrado es visto como una bestia de carga".[2]

ÁNGEL I JIMÉNEZ DE LA CRUZ




[1] WILLIAMS, Ronald T., “Scribal Training in Ancient Egipt”, en Journal of the American Oriental Society, Vol. 92, No. 2 (Abril-Junio, 1972), Massachusetts, p. 215. Citado por CAHAPINAL HERAS, Diego: “El escriba en Egipto” en Ab-Initio, Núm. 3, (2011), pp. 3-22, disponible en www.ab-initio.es.
[2] LARROYO, Francisco: Historia General de la Pedagogía, Editorial Porrúa, Méjico, 1982, p. 87.

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