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miércoles, 5 de marzo de 2014

25. En Egipto casi como en Mesopotamia

La escritura egipcia se inició con los denominados jeroglíficos, a base de signos icónicos o pictográficos, cuya invención era atribuida al dios Toth. De hecho la escritura era conocida entre
los egipcios como medu neter, las palabras de dios.
          No se conoce un proceso de evolución previa, como el que se dio en Mesopotamia desde los primeros y rudimentarios signos contables hasta llegar a una escritura propiamente dicha, por lo que hay autores que hablan de una aparición repentina, y que estaría justificada por el conocimiento que se tenía de la escritura mesopotámica.
          El jeroglífico más antiguo que se conoce se encuentra en la llamada paleta del rey Narmer o Menes, realizado hace algo más de 5000 años. Unos 500 años después, hacia el 2600 a. C., aparece la escritura hierática, que es una versión de la anterior, más fácil de escribir, sobre todo en los papiros. Posteriormente aparecería una versión más popular, conocida como demótica. La escritura pronto sirvió, además de para la administración y la contabilidad, como elemento político y religioso, para proclamar la gloria de los reyes y ensalzar a los dioses.
          Fueron los templos el lugar de su nacimiento y en ellos donde se establecieron, por tanto, las primeras escuelas. Estas estaban destinadas en principio a una minoría selecta, vinculada a la casta religiosa, pero con el paso de los siglos se abrieron más a la sociedad y acabaron incluso instalándose también en palacios, con destino a los miembros de la nobleza.
          Durante 500 años, la escritura jeroglífica se realizó sobre soporte de piedra; en muchos casos eran relieves, lo que nos habla de la gran maestría de los autores. Con la escritura hierática se inició la era del papiro. Los papiros escritos más antiguos que conocemos datan del final de la IV dinastía o principios de la V, en torno al 2500 a.C. Contienen listas de habitantes de aldeas cercanas a Gebelein -una especie de censo-, y también la contabilidad del templo de El-Gebelein. Casi acababan de construirse las grandes pirámides de Keops, Kefrén y Micerino. Tal vez algún día se encuentre la contabilidad u otros documentos sobre estas impresionantes obras.
          A partir de este momento, en las dinastías V y VI –entre el 2480 y el 2200 a. C.-, hay identificados ya numerosos escribas, que ocuparon cargos importantes y dejaron huellas de su existencia: Pthahhotep, que alcanzó el cargo de visir, y del que conocemos los consejos que daba a su hijo; Jupuiu, que desempeñó el cargo de ministro de asuntos del rey, fue el escriba real y director de los escribas; y Dyau, sacerdote lector que ocupó también el cargo de director de los escribas reales.

ÁNGEL I JIMÉNEZ DE LA CRUZ

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