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miércoles, 19 de febrero de 2014

21. Los magos de la educación

Siempre existió una elite intelectual formada por los llamados magos, que fueron los que desarrollaron las ciencias. Los magos eran la casta sacerdotal, y esta denominación procedía de los antiguos sacerdotes medas. Conocían las ciencias de sus
antepasados, elaboraban horóscopos, interpretando a los astros, y actuaban también como adivinos y exorcistas; llevaban también a cabo las ceremonias religiosas e interpretaban a los dioses mediante los oráculos. Por su dedicación al estudio, la denominación de mago acabó adquiriendo el sentido de “hombre sabio”. Recordemos cómo en la cultura cristiana, se conoce con el nombre de Reyes Magos a los tres personajes que viajaron a Belén por el nacimiento de Jesús.
          Sin duda estos sabios se especializarían en las diversas disciplinas. Una en la que sobresalieron fue la astronomía, estudiando el ciclo lunar y estableciendo la semana de 7 días y los meses lunares; se han encontrado tablillas que podemos considerar diarios de observación de las órbitas planetarias, y con ellas podían predecir los eclipses, lo que podía ser utilizado para aparentar un dominio sobre los cuerpos celestes. Otra de las ciencias estudiadas era la medicina, habiéndose encontrado numerosas tablillas con recetas y posología para diferentes males; aunque debemos indicar que junto a remedios de carácter “científico”, se dan otros de videntes, exorcistas, drogueros, etc., llegando a convertirse la magia en un elemento destacado. Son dignos de mención, también, los avances logrados en las matemáticas, en las que desarrollaron importantes cuestiones en aritmética, álgebra y geometría.
          Este escalón superior del conocimiento se había mantenido reservado al ámbito de los templos, entre los sacerdotes y escribas destacados, mientras que el de la escritura y su aplicación a las cuestiones administrativas -redacción de cartas, documentos y rudimentos de contabilidad-, se había abierto al resto de escuelas.
          Durante el Segundo Imperio Caldeo, también conocido como Neobabilónico, Babilonia se convirtió en la capital y en el centro cultural del siglo VI a. C., gracias a la labor de Nabucodonosor II. Se estableció en el palacio una escuela superior, en manos de magos y elementos de las castas superiores de escribas, conocida por los historiadores como “Universidad palatina de Babilonia”. En ella se seguían tres años de estudios y los gastos corrían a cargo del monarca. Los estudiantes eran sometidos a exámenes, que presenciaba el propio rey[1]. En ella tendrían cabida las enseñanzas más reservadas a las que antes hemos aludido; al menos en parte, porque siempre se mantendría el secretismo de algunas cuestiones.
          La experiencia fue efímera. Con la llegada de los persas se inició la decadencia de Babilonia. Y la llama de la cultura se fue apagando poco a poco.

ÁNGEL I JIMÉNEZ DE LA CRUZ


[1] LARROYO, F.: Historia general de la pedagogía, Editorial Purrúa, S.A., México, 1944, p. 82.

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