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miércoles, 5 de febrero de 2014

17. La familia de la "Casa de las tablillas"

Es obvio por qué las escuelas mesopotámicas eran llamadas “Casa de las tablillas”, edubas en sumerio. Las tablillas eran el soporte de la escritura; el “cuaderno” en el que escribían los alumnos. El “bolígrafo” era el estilete: un trozo de junco cortado en bisel. Pero, en aquellas antiguas escuelas,
los alumnos tenían que fabricar sus materiales y, por tanto, eran también un taller donde se aprendía a hacer las tablillas con arcilla y a hornearlas para endurecerlas y preservar la escritura.
          Las escuelas estaban organizadas a modo de una familia. El maestro recibía el nombre de ummia, pero también se le conocía como “Padre de la escuela” o “Padre de la Casa de las tablillas”. Este contaba a veces con maestros auxiliares que recibían la denominación de “Hermano mayor”, y que eran los encargados de preparar y comprobar las copias; los escolares recibían el nombre de “Hijos de la escuela”. Estas denominaciones, asimilando la escuela a la familia, suponían una posición de jerarquía y respecto entre maestro y discípulos equivalente a la de padres e hijos. Hay referencias también a otros roles en la escuela como el de vigilantes encargados de la asistencia y el comportamiento, así como al “encargado del látigo”, que tal vez sería el responsable de la disciplina. Tantos cometidos diferentes nos hacen pensar en escuelas con grupos numerosos de alumnos. 
          La disciplina era estricta y los castigos corporales para la corrección de los alumnos eran lo normal. 
          La asistencia a la escuela era diaria, teniendo al mes veinticuatro días de clase y tres de descanso[1]. La jornada escolar se extendía desde el amanecer hasta el atardecer, con un periodo intermedio para comer. La comida la llevaban de casa, y en la escuela se les suministraba cerveza para beber.[2]
          En una sociedad cuya vida giraba en torno a los dioses, es muy posible que las “Casas de las tablillas” estuvieran presididas por una estatuilla de la diosa Nisaba, patrona de los escribas, a la que se encomendaban antes del inicio de su trabajo y le dedicaban un himno:
  
"Gran matriarca, que establece. 
( ............... ) 
Mi Señora, que guardas la buena tablilla del país, 
Tú te aconsejas en el «lugar de las Cañas de escribir»,..." [3]

           Puesto que se han encontrado tablillas que contienen repertorios de obras, a modo de catálogo, podemos suponer que junto a las escuelas existían bibliotecas que contenían obras literarias escritas en tablillas y en cilindros de arcilla. 
          Los alumnos asistían a la “Casa de las tablillas” desde muy jóvenes; aprender correctamente la escritura requería mucho tiempo. La labor escolar era seguida con interés por los padres, y los maestros eran tenidos en gran estima y consideración.

ÁNGEL I JIMÉNEZ DE LA CRUZ


[1] Los meses en Mesopotamia eran lunares. 
[2] La cerveza era considerada una bebida alimenticia.
[3] LARA PEINADO, Federico: Himnos sumerios, Editorial Tecnos, Madrid, 1988, 82.

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