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martes, 11 de febrero de 2014

19. El primer "curriculum vitae"

Existe también otro texto, no menos interesante que el del pelotillero, en el que un alumno babilónico, que parece que ha terminado su formación y encara con optimismo su futuro profesional, nos habla de su experiencia en la escuela y de todo lo
que en ella ha aprendido. [1] 
          Nos cuenta que ha asistido todo el tiempo necesario a la escuela, mucho más intenso de lo que hoy en día estamos acostumbrados; solamente 3 días de descanso al mes. Y debió de resultarle tan grato que no le pareció mucho.
El número total de días que he estudiado en la escuela es el siguiente: tenía tres días de vacaciones una vez al mes: y como cada mes tiene tres días de vacaciones en que no se estudia, he pasado, por tanto, veinticuatro días de cada mes en la escuela. ¡Y no me pareció mucho tiempo!
Se siente orgulloso de su dominio de la escritura, considerándose capaz de realizar cualquier ejercicio propuesto por el maestro, sin necesidad de tener la muestra delante.
A partir de ahora, podré dedicarme a la reproducción de tablillas, llevando a cabo todas las operaciones matemáticas necesarias. De hecho, tengo un exhaustivo conocimiento del arte de la escritura: como situar las líneas en su lugar y escribir. Mi maestro sólo tiene que enseñarme un signo y puedo, de memoria, conectar inmediatamente otro gran número de signos con él. Como asistí a la escuela el número de horas requerido, estoy al corriente del sumerio, de la ortografía y del contenido de todas las tablillas.
Su formación le ha llevado también al aprendizaje del sumerio, lengua que en el Imperio de Babilonia (1900-1600 a. C.) ya estaba en desuso, pero que servía para interpretar todas las tablillas antiguas.
 Por último, nos hace una relación de todos los cálculos matemáticos que puede hacer y de los diferentes documentos que es capaz de redactar.
Puedo componer todo tipo de textos; documentos que se ocupaban de las medidas de capacidad, de 300 a 180 mil litros de cebada; de peso, desde ocho gramos a diez kilogramos; cualquier contrato que se me pueda solicitar: matrimonio, sociedades, ventas del estado real y de esclavos; garantías para obligaciones en plata; del alquiler de campos; del cultivo de bosques de palmeras; incluidos los contratos de adopción. Puedo diseñar todo eso.
Este documento podríamos considerarlo como el primer curriculum vitae.  El nuevo escriba recoge en él la formación recibida en escritura y cálculo, que le abriría, sin duda, un brillante futuro.
          Y nos lo muestra con tal satisfacción que en realidad viene a decirnos: ¡Me alegro de haber ido a la escuela!

ÁNGEL I JIMÉNEZ DE LA CRUZ


[1] El texto se encuentra en KRIWACZEK, Paul: BABILONIA. Mesopotamia: la mitad de la historia humana, Ariel, Madrid, 2010, pp. 235-236.


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