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sábado, 8 de febrero de 2014

18. El pelotillero

Existe un curioso texto que se ha podido reconstruir tras el estudio de varios fragmentos y que data de 2000 a. C. Debía de ser un texto clásico muy difundido, pues se han encontrado tablillas que corresponden a más de veinte copias del mismo[1].
El texto se refiere a un estudiante sumerio, del que se expone, mediante diálogos, la experiencia de un día de clase, en el que ha sufrido el rigor de la disciplina, y cómo su familia agasaja al maestro buscando que en la escuela le traten con más benevolencia; por eso el asiriólogo Samuel Noah Kramer se refiere a él como el primer pelotillero.

Alumno: ¿dónde has ido desde tu más tierna infancia?
He ido a la escuela.
¿Qué has hecho en la escuela?

En su respuesta el alumno habla de su trabajo escolar y del regreso y estancia en casa hasta el día siguiente:
He recitado mi tablilla, he desayunado, he preparado mi nueva tablilla, la he llenado de escritura, la he terminado; después me han indicado mi recitación y, por la tarde, me han indicado mi ejercicio de escritura. Al terminar la clase he ido a mi casa, he entrado en ella y me he encontrado con mi padre que estaba sentado. He hablado a mi padre de mi ejercicio de escritura, después le he recitado mi tablilla, y mi padre ha quedado muy contento... Cuando me he despertado, al día siguiente, por la mañana, muy temprano, me he vuelto hacia mi madre y le he dicho: “Dame mi desayuno, que tengo que ir a la escuela”. Mi madre me ha dado dos panecillos y yo me he puesto en camino….En la escuela, el vigilante de turno me ha dicho: "¿Por qué has llegado tarde?" Asustado y con el corazón palpitante, he ido al encuentro de mi maestro y le he hecho una respetuosa reverencia.
Sigue contando que ese día fue castigado varias veces:
Entré y me senté, y mi profesor leyó mi tablilla. Dijo: ”Aquí falta algo”.
Y me castigó.
Uno de los monitores dijo: “¿Por qué abres la boca sin mi permiso?”
Y me castigó.
El encargado de las normas dijo: “¿Por qué te levantas sin mi permiso?”
Y me castigó.
El portero dijo: ¿Por qué sales sin mi permiso?”
Y me castigó.
El vigilante de las jarras de cerveza dijo: “¿Por qué coges una sin mi permiso?”.
Y me castigó.
El supervisor sumerio dijo: “¿Por qué hablas acadio?”
Y me castigó.
Mi profesor dijo: “Tu escritura no es buena”.
Y me castigó.

          El joven habló con su padre y le dijo que tal vez  fuera una buena idea invitar al maestro a la casa y hacerle algunos regalos. Así lo hicieron. Invitaron al maestro, le colmaron de atenciones y le regalaron un traje y un anillo. 
          El maestro, abrumado y agradecido, respondió:

Por qué me dais lo que no estáis obligados a darme,
Me ofrecéis un regalo muy por encima de mis méritos,
Y me mostráis un gran honor,
Que Nidaba [diosa de los escribas], reina de las deidades protectoras,
Sea vuestra deidad protectora,
Que favorezca tu estilete de junco,
Que evite todo error de tus manos al copiar.
Que puedas ser maestro de tus hermanos,
Y superior a tus compañeros, ser su líder,
Que tu puesto sea el más alto entre todos los estudiantes.
[2]

ÁNGEL I JIMÉNEZ DE LA CRUZ


[1] La primera traducción íntegra del texto fue publicada en 1949 en el Journal of the American Oriental Society.
[2] El texto está recogido en NOAH KRAMER, Samuel: La historia empieza en Sumer, Alianza Editorial, Madrid, 2010, pp. 31-32. También KRIWACZEK, Paul: BABILONIA. Mesopotamia: la mitad de la historia humana, Ariel, Madrid, 2010, pp. 237-238, lo recoge y, aunque difiere en la traducción literal, la historia que narra es la misma.

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