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viernes, 3 de enero de 2014

8. Surge un nuevo oficio: escriba

Con el nacimiento de la escritura surgió hace cinco mil años el oficio de escriba. También surgieron las primeras escuelas, destinadas a formarlos.
          Ser escriba, denominados sesh en Egipto, no era sencillo; la
escritura era algo muy complejo, más aún cuando esta fue evolucionando y debían conocer los diversos sistemas que se sucedieron. En Mesopotamia, a la primera escritura pictográfica, en la que se utilizaban dibujos que se relacionaban con objetos o acciones, le siguió una escritura que llamamos ideográfica, en la que se utilizaban símbolos que equivalían a una idea. Posteriormente, esos dibujos y símbolos acabaron siendo plasmados en unas placas de arcilla con unos palitos que producían unas marcas en forma de cuña, de ahí el nombre de escritura cuneiforme. Estos símbolos eran a su vez interpretados como objetos o como sonidos, en fin, algo muy complejo que necesitaba años de práctica.
          También en Egipto se sucedieron diferentes sistemas de escritura que era necesario conocer. La primera, denominada escritura jeroglífica, era una mezcla de dibujos que representaban figuras reales, junto a símbolos fonéticos, consonánticos y signos de puntuación.  Esta escritura se fue simplificando dando paso a la escritura hierática, en la que los rasgos se fueron haciendo más sencillos y facilitaban una escritura más rápida; era la utilizada para los documentos administrativos. Nuevas simplificaciones y concreciones dieron paso a la escritura demótica, la que acabó siendo más popular –de hecho su nombre deriva del griego demotika, popular-, utilizándose para los asuntos más cotidianos; la jeroglífica y la hierática quedaron reservadas para los textos e inscripciones ceremoniales.
          El dominio de las diferentes escrituras presentaba gran dificultad y los aspirantes a escriba debían tener mucha destreza. Su aprendizaje requería años de dedicación y, por eso, ser escriba no estaba al alcance de cualquiera; solían ser hijos de familias acomodadas, que podían permitirse darles esa formación. La labor del escriba era, como podemos imaginar, muy valorada. Era prestigioso tener un escriba en la familia.
          Con el paso del tiempo, la escritura se fue popularizando y el saber escribir ya no fue patrimonio de una selecta minoría. El oficio de escriba fue evolucionando y éstos acabaron convirtiéndose en funcionarios administrativos. De entre ellos surgieron, también, los primeros maestros.

ÁNGEL I JIMÉNEZ DE LA CRUZ

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