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martes, 14 de enero de 2014

11. Leer y escribir, orgullo de reyes

Aquella magnífica "invención de los dioses" acabó interesando incluso a los que poseían todo el poder y la riqueza, y a lo largo de la historia de Mesopotamia conocemos algunos monarcas que quisieron aprender el arte de la escritura; su conocimiento les
enorgullecía y elevaba su ego. No solo se sentían poderosos, se sentían también inteligentes y cultos. Y que duda cabe que, junto a la satisfacción personal, verían incrementado también su prestigio. Pero esto no fue ni general ni inmediato, pues, por lo que al día de hoy sabemos, hubieron de pasar unos mil años desde la invención de la escritura para encontrar un rey que la dominara y nos dejara un texto escrito. 
          El primero del que tenemos noticia es el rey Shulgi (2094 - 2047 a. C.), que se enorgullecía así de su habilidad: 

De joven estudié el arte del escriba en la Casa de las Tablillas, con las tablillas de Sumer y Acad; nadie de noble cuna puede escribir una tablilla como yo puedo. [1]

          Hace referencia a tablillas de Sumer y Acad porque hacia el 2400 a. C, los acadios habían invadido Sumer, llevándose a cabo con una fusión entre ambos pueblos que daría origen al Primer Imperio Caldeo-Babilónico. Buena prueba de lo importante que para él era la escritura es que mandó grabar en una estela el primer código de leyes que se redactó.
          Mil quinientos años después nos encontramos otro monarca ilustrado, que nos habla también de la lectura: el gran emperador asirio Asurbanipal (668-631 a. C.). También él deja constancia, de su puño y letra, de su destreza con la lectura y la escritura: 

Yo, Asurbanipal, en el palacio, conocedor de la sabiduría de Nabu [dios del aprendizaje]. Todo el arte de la escritura... de cualquier tipo dominé por mí mismo... Leo las astutas tablillas de arcilla de Sumeria y el oscuro lenguaje acadio, que es difícil de utilizar correctamente; me deleitaba leer piedras inscritas de antes del diluvio.
(...)
Escribí en tablillas lo mejor del arte de la escritura, obras como las que ningún rey que me precedió nunca aprendiera, recursos de cabo a rabo, selecciones no canónicas, enseñanzas sabias, todo lo perteneciente al dominio médico de [los dioses] Nunurta y Gula y lo revisé, cotejé y deposité en mi palacio para examinarlo atentamente y leerlo. [2]

          Su interés por lo escrito fue tanto, que ordenó que se le remitieran todos los textos posibles, desde todos los puntos de su imperio, formando con ellos una magnífica biblioteca en Nínive. Los restos de la misma fueron descubiertos en el siglo XIX y recuperadas miles de tablillas con textos de la más variada temática.
          Como ya apuntamos en otro momento, la escritura estaba destinada en un principio a la elaboración de documentos de carácter administrativo. Más adelante la escritura pasaría a tener otros usos: narrar los hechos acaecidos, dando origen a la Historia; la creación literaria, abriendo el camino de la Literatura; o poner por escrito las reflexiones, que desarrollarían el campo de la Filosofía. Los reyes que la aprendieron quisieron usarla también con otra finalidad: engrandecer su memoria, dejando constancia de que ellos la habían aprendido.

ÁNGEL I JIMÉNEZ DE LA CRUZ


[1] Citado por WATSON, Peter: IDEAS, Crítica, Barcelona, 2006, p. 137, que lo toma de NISSEN: Early History of the Ancient Near East. 
[2] KRIWACZEK, Paul: Babilonia, Ed. Ariel, Barcelona, 2010, pp. 310-311.

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