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miércoles, 29 de enero de 2014

14. El Código de Hammurabi

Los restos más antiguos de una escuela son contemporáneos del código de leyes más antiguo del mundo: el Código de Hammurabi, promulgado hace casi 3800 años. Fue descubierto por unos
arqueólogos franceses en 1901 y se lo llevaron a Francia. Se encuentra en el Museo del Louvre. Grabado sobre una estela de piedra, en escritura cuneiforme, es una auténtica obra de arte. Si ya era complejo escribir sobre piezas de arcilla, ¿os imagináis la dificultad para grabar sobre piedra, en la que no se puede rectificar un error? Verdaderamente es la obra de un artista, máxime cuando, además, está coronado por un bajorrelieve que representa a Hammurabi ante el dios Shamash. 
          Hay que aclarar que, en realidad, este código es una puesta al día de normas que ya habían sido establecidas unos 300 años antes por Ur-Nammu de Ur y otros monarcas de Sumer [1]. No era el primero, como solemos referirnos a él. Sí es el primero que ha llegado a nosotros completo. A través de los principios jurídicos del Código de Hammurabi queda reflejada la organización social del momento.
          Es posible que estuviera expuesto en un patio público del templo de Sippar donde podía ser consultado por la población. Otros ejemplares debieron estar expuestos en las principales ciudades de Babilonia. En el propio Código se indica: “Deja que el oprimido, que tiene un asunto con la ley, venga y se ponga ante mi imagen como rey de la rectitud; deja que se le lea la inscripción en este monumento, que oiga mis valiosas palabras; la inscripción le explicará su caso; descubrirá lo que es justo, y su corazón estará feliz, de manera que dirá: “Hammurabi es un gobernante que es como un padre para sus asuntos””. Queda claro que el pueblo era ignorante respecto a la lectura y la escritura. Debía serle leído; debía oír de boca de otro lo que el Código dictaba. Esto nos hace pensar en la posible existencia de escribas, en los lugares donde estaba expuesto, cuyo cometido era leerles las inscripciones a quienes lo demandaran. Por cierto, aunque no hay constancia de ello, ¿cómo no pensar que Hammurabi era uno de esos reyes cultos que donimaban la escritura?
          Sin duda la sentencia más popular, aquella por la que mucha gente lo identifica, es la de “Ojo por ojo y diente por diente”. Sin embargo, lo que conviene1 destacar aquí es que también contiene referencias a la educación en algunas de sus leyes:
Ley 29: Si el hijo es menor y no puede cuidar la gestión de los negocios de su padre, un tercio del campo y de la huerta se dará a la madre, y la madre lo educará.

Ley 191: Si uno tomó un niño para la adopción, y lo crio y educó, funda luego una familia y tiene por ello hijos y ha resuelto quitar la filiación al adoptado, el adoptado no se irá con las manos vacías: el padre que lo crio y educó, le dará un tercio de la parte que sus hijos herederos tendrían en su fortuna (mobiliaria) y el hijo criado se irá. Del campo, huerto y casa, no le dará nada. [2]

          La educación se lleva a cabo en el seno familiar; son los padres los encargados, en exclusiva, de la crianza y educación de los hijos. La escuela aún no se ha generalizado y solamente tiene un cometido instructivo.

ÁNGEL I JIMÉNEZ DE LA CRUZ


[1] Puede verse una traducción del Código de Ur-Nammu en http://ocw.unican.es/humanidades/historia-del-proximo-oriente/modulo-2/texto-del-codigo-de-ur-nammu 
[2] Se puede conocer el contenido del Código en http://www.historiaclasica.com/2007/05/el-cdigo-de-hammurabi.html

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