Translate

lunes, 6 de enero de 2014

9. De la escritura a la lectura

Solemos asociar lectura y escritura de tal manera que nos parece que son las dos caras de la misma moneda y que no puede existir la una sin la otra. Por eso tendemos a suponer como lógico que ambas surgieron simultáneamente; si se escribía, se leía. Sin embargo, esto no es así, al menos en el estricto sentido que damos a la lectura:
pronunciar unos sonidos que representan los signos escritos.
          A los primeros signos de escritura no correspondían unos determinados sonidos que pronunciar. Lo que sucedía al “leer” aquellas primeras anotaciones era comprender el sentido de las imágenes que se veían y entender el mensaje que querían transmitir. Tuvieron que pasar unos 1500 años para contar con una escritura que fuera “legible”.
          Las antiguas escrituras fueron simplificándose hasta llegar a generar un conjunto reducido de signos, cada uno de los cuales representaba un sonido, y que combinándolos podíamos construir infinidad de palabras. Surgen así los sistemas alfabéticos y escribir se convierte en una labor mucho más sencilla. Con este avance, la escritura está al alcance de mucha más gente. Su aprendizaje se extendió a sectores de la población que requerían su uso para el desarrollo de su actividad, como por ejemplo los comerciantes y los mercaderes.
          Con el nacimiento de estos nuevos sistemas de escritura alfabéticos, con los que se podían construir sílabas y palabras, es cuando realmente nace la lectura. De hecho, para comprender bien el texto, había que pronunciar los sonidos que representaban los escritos; había que oír el mensaje. Leer era también todo un arte pues los signos de estas escrituras se colocaban todos seguidos, sin separación de palabras como ahora hacemos.
          Estas escrituras fonéticas, entre la que podemos destacar la inventada por los fenicios, surgieron hace unos 3500 años. A partir de ese momento escritura y lectura ya caminaron unidas. Pero lectura, como ya apuntamos, de viva voz. Pasarían aún siglos hasta que el cerebro del hombre manejara de tal manera el lenguaje, que pudiera llegar a hacer lo que hoy nos parece lo más normal del mundo: leer sin pronunciar palabra.

ÁNGEL I JIMÉNEZ DE LA CRUZ

No hay comentarios:

Publicar un comentario