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martes, 31 de diciembre de 2013

7. ¿Para qué servía la escritura?

Hoy en día la escritura forma parte de nuestra vida desde que nacemos; convivimos con ella a todas horas y en todas las circunstancias. Hace 5000 años era una novedad, una cosa rara, con una utilidad muy concreta, solamente al alcance de muy pocos,
pero que fue teniendo nuevos usos con el paso del tiempo. Algo así como cuando se inventó, por ejemplo, el teléfono en nuestra era: al principio solamente servía para hablar, en unas condiciones muy especiales y al alcance de muy poca gente; sin embargo, en la actualidad, tiene una gran cantidad de aplicaciones y todo el mundo tiene al menos uno, que lo puede usar casi en cualquier lugar. Pero la escritura tardo muchísimo más que el teléfono en adquirir nuevos usos y en popularizarse.
          Al primer uso de la escritura como instrumento para la contabilidad y el control de bienes, siguieron otros también al servicio de la administración: la anotación de órdenes, acuerdos, etc., que, de esta manera, quedaban recogidos en un soporte físico que podía consultarse, dejando de depender de la memoria y el recuerdo. Las normas dejan de ser una tradición oral que puede desvirtuarse con el paso del tiempo. Ante la duda o el olvido, está el texto escrito. Por otra parte, los reyes tienen ante sí un nuevo instrumento para dejar a la posteridad las huellas de su paso, aunque otros que les siguieron, en muchos casos, se dedicaron a borrarlas para propiciar su olvido.
          En Mesopotamia ya encontramos textos que exceden el uso contable, desde casi el 3000 a. C. En Egipto desde el Imperio Antiguo (3000 – 2200 a. C.) ya hay documentos en los que aparecen otros usos: textos religiosos, literatura sapiencial, textos científicos, creación literaria, etc. La primera frase de escritura egipcia, que excede la notación de números y nombres, se encuentra en un sello cilíndrico perteneciente a un monarca de la II dinastía (sobre 2700 a. C.). El texto dice lo siguiente: “El de Ombos le ha asignado las Dos Tierras a su hijo, el rey del norte y del sur, Peribsen” [1]. Peribsen se alegró mucho de que se hubiera inventado la escritura; podía dormir tranquilo, nadie en el futuro podría poner en duda su herencia; haciendo rodar su sello sobre la arcilla húmeda podía dejar constancia de la decisión.
          Estos sellos cilíndrico, de unos 3 cm. de altura por 2 cm. de diámetro eran elaborados, generalmente, con piedras de jade o marmol, aunque también se han encontrado de marfil y madera. En ellos se labraba un mensaje mediante figuras y signos, y eran utilizados por reyes, sacerdotes y altos dignatarios, como marcas personales para identificar sus pertenencias, realizar precintos o certificar documentos.
          Con el paso del tiempo los usos de la escritura se fueron ampliando, pero la generalización de su conocimiento tardaría aún mucho en llegar.

ÁNGEL I JIMÉNEZ DE LA CRUZ


[1] PARRA ORTIZ, José Miguel: La historia empieza en Egipto, Crítica, Barcelona, 2011. p. 267.

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