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sábado, 28 de diciembre de 2013

6. ¿Números o letras?

Parece claro que la escritura mesopotámica surgió como una necesidad para contabilizar y administrar los bienes, que fundamentalmente se gestionaban en los templos. Anotar la cantidad de una cosa, escribir un número, está en los inicios
de la escritura; tal vez la marca que hacía referencia al número fue la primera que se inventó, colocándola junto al dibujo de la cosa a que se refería. Surgen así las cifras, iniciándose unas matemáticas rudimentarias, destinadas en un principio a contar; después ya vendrían el cálculo de raíces, la trigonometría... [1] 
          Estos primeros números no eran, por supuesto, como ahora los conocemos: ni los romanos, que curiosamente se escriben con letras (II, V, X, XVI), y que estamos acostumbrados a usar en los textos de historia, al referinos a los siglos o a los reyes; ni mucho menos los arábigos -que los árabes trajeron de India- y que en su versión moderna son en la actualidad los más utilizados en el mundo (1, 2, 3,…). Los números fueron en un principio simples muescas; después pasaron a representarse mediante figuras geométricas; a estas siguieron las marcas cuneiformes típicas, que se repetían las veces necesarias para indicar la cantidad, aunque este sistema, solamente de utilidad para cantidades pequeñas, acabó generando nuevos símbolos para números mayores. La evolución de los signos numéricos fue constante, al igual que sucedió con la escritura.
          El nacimiento de la escritura en Egipto se debió a las mismas necesidades que en Sumer: el control de las cabezas de ganado, de la producción de grano, de la población, etc. y, por tanto, también allí se hizo necesario un sistema de cómputo, de anotación de cantidades, de medidas y pesajes. 

          Como ya apuntamos, es lógico que, desde los inicios, junto al dato de la cantidad se hiciera también mención a la cosa a que se refería; de otra manera la contabilidad que se pretendía llevar hubiera quedado muy oscura. Por tanto, podemos considerar que fue simultánea la aparición de signos numéricos y los utilizados para la denominación de cosas. Ambos lenguajes surgieron al unísono; se necesitaban mutuamente. Y así, desde el principio, se convirtieron en las enseñanzas fundamentales, en las materias instrumentales.

ÁNGEL I JIMÉNEZ DE LA CRUZ




[1] Puede resultar interesante la lectura del artículo de ILLANA RUBIO, José C.: “Matemáticas y astronomía en Mesopotamia”, SUMA, revista sobre el aprendizaje y la enseñanza de las matemáticas, núm. 58, junio 2008, pp. 49-61. Lo encuentras en http://revistasuma.es/IMG/pdf/58/049-061.pdf
 

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